Qué pedir para Halloween cuando quedan tres días
Disfraz, decoración y dulces para un Halloween armado a última hora, con lo que de verdad hace falta y lo que puedes dejar en la tienda.
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Es 28 de octubre, los niños quieren ir a pedir caramelos el sábado y en casa no hay ni una tela de araña. Pasa todos los años. Con una lista corta de lo que falta, repartida entre quien la vaya a comprar, se llega al 31 con el disfraz puesto y sin pasar dos tardes en el bazar.
Un disfraz sale de ropa negra y dos accesorios
Con un pantalón negro y una camiseta negra ya tienes la base de una bruja, un vampiro, un ninja o un ladrón de guante blanco. Lo que cambia el personaje son los añadidos: un sombrero de bruja, unos colmillos, una peluca de color o una máscara. Un kit de pintura de cara y unos tatuajes temporales resuelven en diez minutos lo que un disfraz completo tarda una semana en llegar por correo. Y calzado cómodo, porque unos pies doloridos acaban con la noche antes que un mal disfraz.
Si van en grupo o en familia, pónganse de acuerdo en un tema antes de comprar nada. Los años setenta con purpurina, los personajes de una misma película o los Addams al completo funcionan en cuanto alguien decide por todos. Háganlo por mensaje el mismo día; a tres días vista no hay tiempo para debatirlo.
La decoración que se nota es la luz
Una guirnalda de luces naranjas o moradas cuesta menos de 10 euros en cualquier bazar y cambia una sala más que cualquier calabaza de plástico. Súmale velas LED que parpadean, un par de bombillas de color para el pasillo y un altavoz con una lista de sonidos de casa encantada. A partir de ahí, telarañas sintéticas con arañas, calabazas para tallar, vinilos para las ventanas y hojas secas sobre la mesa.
En la entrada, unas manos de esqueleto que salen de un macetero y dos fantasmas de gasa colgados del balcón convierten el portal en la parada favorita de la calle. La máquina de humo, mejor para otro año. Cuesta 40 o 50 euros y se usa una hora.
Dulces para los que llaman al timbre y para la fiesta
Una o dos bolsas grandes de chocolatitos, de las que se venden por kilo en el súper, cubren a los que llaman a la puerta. Para la fiesta, harina, colorante alimentario rojo y chocolate blanco: con eso salen galletas de fantasma y un ponche sangriento sin receta complicada. Las bandejas con forma de calabaza o calavera hacen que hasta las gomitas de bolsa parezcan preparadas.
Para los niños más pequeños, pon en la lista calcomanías, tatuajes temporales y algún cuento de Halloween. Muchos padres agradecen más eso que el quinto chocolate de la noche.
Compra lo que sirve para dos cosas
Un esmalte de uñas negro sirve para una bruja, para un vampiro y para cualquier disfraz que necesite un toque siniestro. Una paleta de sombras oscuras convierte a casi cualquiera en el personaje que haya elegido. Antes de comprar nada nuevo, mira en tu propio armario y en la tienda de segunda mano del barrio: un traje viejo de oficina y un bote de sangre falsa de 2 euros dan un oficinista zombi muy convincente.
Lo digital no tiene hora de cierre. Una lista de música de Halloween, guirnaldas de papel para imprimir y un tutorial de maquillaje están disponibles la misma noche del 31.
Con las cosas repartidas, la compra deja de ser un problema de una sola persona. Cuando creas una lista de deseos con lo que falta, la abuela puede reservar los chocolates, tu hermana las luces y tú te quedas con el disfraz, sin que nadie compre dos veces la misma tela de araña. Puedes crear una lista de deseos en cinco minutos y pasarla por el grupo esta misma tarde.



