Lista de deseos para tu primera casa

Firmas en la notaría, te dan las llaves, abres la puerta y a los diez minutos buscas un desatascador. Una primera casa viene con una lista larga de cosas que nadie te contó: bombillas, un martillo, toallas que no sean las del apartamento compartido. Cuando cinco personas te preguntan qué llevar para el estreno, conviene tener una respuesta mejor que "cualquier cosa".
En la cocina, tres cacharros buenos y ningún aparato de un solo uso
Olvídate por ahora de la yogurtera y la wafflera. Un cuchillo cebollero de Arcos, una tabla grande, una sartén de 28 cm con fondo grueso, una cacerola y una olla alta cubren casi todo lo que vas a cocinar el primer año. Paños, guantes de horno y recipientes de vidrio completan la base; nada emociona al abrirlo y todo se usa a diario.
Una olla programable tipo Crock-Pot vale la pena si sales de trabajar a las siete y quieres guiso hecho. Y si en casa se bebe café, la cafetera va arriba de la lista, sea una italiana de 20 euros o una De'Longhi de cápsulas.
Sábanas antes que muebles
El sofá y la mesa buena pueden esperar a las rebajas de enero. Unas sábanas de algodón de percal, dos almohadas decentes y un edredón de invierno cambian más el día a día que cualquier mueble. Pide un segundo juego de sábanas para no lavar con urgencia el domingo por la noche.
En el baño, toallas de 500 gramos o más, una cortina de ducha o mampara si no la hay, y algo donde guardar las cosas: un mueble bajo o dos repisas. El tapete de baño parece una tontería hasta la primera mañana fría con los pies en la cerámica. Y el trío que nadie regala con ganas: desatascador, escobilla y un botiquín básico. Mejor tenerlos antes de la primera vez que hacen falta.
La sala necesita más luz y armarios que decoración
Dos lámparas de pie o de mesa hacen más por una sala que la luz del techo, y son de lo más fácil de regalar. Un par de cojines y una manta buena dan por terminado el sofá aunque el sofá sea el heredado.
Lo que más se subestima es el almacenaje. Un librero Billy o Kallax, un puf con tapa, cajas para la parte alta del clóset. Sin eso, el desorden de la mudanza se instala para siempre. Un espejo de cuerpo entero es útil y de paso agranda un recibidor pequeño.
Lo poco vistoso que se agradece el primer sábado
Una caja de herramientas básica (destornilladores, martillo, metro, taquetes y ganchos) se usa la primera semana para colgar cuadros y la segunda para armar la estantería. Un taladro Bosch verde de 60 euros ahorra pedírselo al vecino. En el mismo montón van una escalera plegable, dos extensiones eléctricas y una linterna.
Con la limpieza pasa lo mismo: una aspiradora o al menos una escoba buena, trapeador y cubeta, paños de microfibra y un limpiador multiusos. Y los detectores: pilas para el de humo, un detector de monóxido si hay calentador de gas y un extintor pequeño de cocina. Son cosas que nadie quiere comprar el día de la mudanza y que nadie quiere no tener el día que hacen falta.
Lo que hace que la casa sea tuya
Con lo práctico resuelto, entra lo personal: marcos para las fotos que quieres tener a la vista, un par de plantas (un potos aguanta cualquier rincón), un cuadro para la pared vacía del pasillo. Estos son los regalos que la gente recuerda haber hecho, porque no tienen nada que ver con la función.
Lo que no vale la pena pedir son los adornos de temporada y las velas: llegan solos con cada visita y en tres meses tienes un cajón lleno.
Para no contestar el mismo "¿qué te hace falta?" cinco veces por WhatsApp, puedes crear una lista de deseos con el taladro, las sábanas y las lámparas, y mandar el enlace a quien pregunte.





