Por qué empezar en mayo la lista de Navidad de tu hijo

Por qué empezar en mayo la lista de Navidad de tu hijo

Es 18 de diciembre, el juguete que tu hija lleva pidiendo desde octubre está agotado en todas partes y en internet lo revenden al doble. Casi todas las familias empiezan la lista de Navidad después de Halloween, y por eso todas se pelean por las mismas cajas en las mismas tres semanas. Empezar en mayo suena exagerado. Hazlo un año y no vuelves atrás.

Repartes el gasto en siete meses

Entre Papá Noel y los Reyes, una familia con dos hijos se deja fácilmente 300 € o 400 € en un mes, justo después de la cesta de Navidad y las cenas. Si la lista existe desde mayo, compras un regalo en las rebajas de julio, otro con las ofertas de la temporada de regreso a clases y otro en noviembre. La factura se reparte y en enero no llega el susto.

Con tiempo también fijas un presupuesto por hijo y lo respetas. Comparar precios en una tarde tranquila de junio es fácil. Hacerlo un sábado de diciembre en un centro comercial, con el niño al lado, no.

Los juguetes agotados son un problema de diciembre

El Lego de moda, la muñeca que sale en todos los videos, la consola nueva. Todos los años hay tres o cuatro cosas que desaparecen de las tiendas a principios de diciembre y reaparecen en enero, o en la reventa a precio de escándalo. Si sabes en mayo cuáles son los regalos importantes, los compras cuando hay existencias y al precio normal. Y los guardas arriba del armario, donde nadie mira.

Te ahorras además el estacionamiento lleno, las colas en caja y el paquete que llega el 27. Comprar online en una semana cualquiera de junio no tiene nada que ver con hacerlo la semana antes de Nochebuena.

Ves qué le gusta de verdad, sin adivinar en diciembre

Los gustos de un niño cambian rápido. La fase de los dinosaurios de mayo puede ser en diciembre una obsesión con los minerales, y a los ocho años pasar de los peluches a los cómics tarda un verano. Una lista que arrancas en mayo y revisas cada mes sigue esos cambios. Lo que ya no interesa se quita, lo nuevo se añade, y en diciembre compras para el niño que tienes delante y no para el de hace medio año.

La familia también lo agradece. Cuando la abuela pregunta en julio qué quieren los niños, tienes una respuesta concreta en lugar de un "lo que tú veas". Cada uno reserva lo que va a regalar, nadie ve quién ha reservado qué, y la Nochebuena sin dos autos a control remoto iguales se vuelve posible. Y tienes meses para leer opiniones y decidir si ese juguete de 80 piezas sueltas cabe en casa.

Sirve para hablar de dinero y de esperar

Siete meses dan para conversaciones que en diciembre no caben. Un niño de siete años puede ayudar a ordenar su propia lista por lo que más quiere, y entender que la Navidad tiene un presupuesto como las vacaciones. A partir de los diez, el ejercicio de elegir tres cosas entre diez enseña más sobre el dinero que cualquier charla.

También es un buen momento para poner en la lista algo que no sea un juguete: un curso de escalada, un año de la piscina municipal, una tarde en el parque de aventuras con los primos. Ese tipo de regalo se olvida cuando se compra con prisa y se recuerda durante años cuando se planifica.

Cómo hacerlo sin que parezca que ya es Navidad

No hace falta hablar de Navidad en mayo. Anota lo que tu hijo menciona una y otra vez, ignora lo que pide una sola vez después de ver un anuncio, y revisa la lista el primer domingo de cada mes. En octubre ya tienes una idea clara de qué comprar y cuánto queda por gastar.

Puedes crear una lista de deseos de Navidad ahora, pegar el enlace de cada juguete para que aparezcan el nombre, la foto y el precio, y compartirla con abuelos y tíos cuando empiecen a preguntar. En diciembre solo te quedará envolver.