Las reglas que evitan disgustos en el amigo secreto de la oficina

Un amigo secreto de oficina mal organizado puede acabar con un compañero recibiendo una botella de vino que no puede beber y otra persona que se sacó a sí misma y no dijo nada hasta el día del intercambio. Con unas cuantas reglas claras, las quejas y las caras largas desaparecen.
Fija el presupuesto y las reglas antes de que nadie compre
Pon un tope que no le duela a nadie. Entre 10 y 20 euros funciona en casi cualquier oficina; con 15 hay margen para algo decente sin que el practicante tenga que pensárselo. La participación es voluntaria y hay que decirlo en voz alta. Quien participa por presión regala mal y con cara larga.
Avisa con dos semanas de margen como mínimo y deja claro qué cuenta como regalo. También conviene decidir de antemano si al final se revela quién regaló a quién o se mantiene el secreto. Las dos opciones funcionan, pero el grupo tiene que saberlo antes de empezar a envolver.
No des por hecho que todos celebran la Navidad
En un equipo de doce personas es fácil que alguien no celebre nada en diciembre. Plantéalo como un intercambio de fin de año y deja fuera los temas religiosos, el alcohol y cualquier cosa demasiado íntima para una relación de trabajo. Un pijama, por ejemplo, es un mal regalo para el jefe de tu jefe.
Las alergias y las dietas importan igual. La caja de bombones parece segura hasta que le toca al compañero celíaco o a la que lleva tres meses sin azúcar. Por eso se repiten tanto los cuadernos bonitos, los calcetines de lana, las tazas y las tarjetas de regalo de una librería grande o del barrio. Son aburridos, pero nadie se lleva un disgusto.
Sortea online y pide listas de deseos
Sacar papelitos de un gorro tiene su encanto hasta que alguien se saca a sí mismo o el de recursos humanos se va de licencia y hay que repetirlo todo. Es más fácil sortear los nombres online: cada uno recibe por correo a quién le toca y el presupuesto. Si alguien se retira a última hora, en la página de ajustes cambias su nombre y su correo por los de la persona que entra, y quien lo tenía le regala a la nueva. Así las bajas no obligan a empezar de cero.
Pide a cada participante que cree una lista de deseos con tres o cuatro ideas a distintos precios. Al que le toque el compañero nuevo que lleva dos semanas en la empresa le quitas un peso enorme. Y una mezcla de cosas concretas ("el libro de recetas de Ottolenghi") y gustos generales ("me gusta el té") deja sitio para que quien regala ponga algo suyo.
Los detalles en los que tropieza casi todo el mundo
Manda más de un recordatorio. El sorteo se hace en noviembre y la gente lo olvida; un mensaje una semana antes y otro dos días antes evita la carrera al centro comercial el día anterior. Mira el calendario antes de fijar la fecha para que no coincida con el viaje del equipo comercial o el puente.
Ten dos regalos de reserva guardados en un cajón, una caja de té y un cuaderno sirven. Si alguien llega con las manos vacías porque se le olvidó, nadie se queda sin nada y nadie queda señalado delante del resto.
Lo que se recuerda es el rato
Lo que hace buen ambiente son las cosas alrededor: un tema para el envoltorio, un juego para adivinar quién regaló a quién antes de revelarlo, una mesa con turrón y polvorones. El regalo que mejor funciona suele ser el que juega con una broma interna de la oficina, y rara vez es el más caro.
Lo que más cansa de organizarlo es la parte administrativa, el sorteo, los plazos, perseguir a la gente para que haga su lista. Puedes organizar el amigo secreto con el sorteo y las listas incluidos, y quedarte solo con la parte de elegir el turrón.





