Mudarse en primavera y estrenar casa con una fiesta

Mudarse en primavera y estrenar casa con una fiesta

La última mudanza que hicimos fue un sábado de abril. Camión a las nueve, últimas cajas en el piso nuevo a las siete de la tarde y todavía había luz para encontrar la caja de las sábanas. En agosto habríamos acabado sudando a las tres, y en enero a oscuras a las seis. La primavera evita los dos extremos, y para una mudanza eso se nota en la espalda.

Hay camiones y hay pisos

El verano sigue siendo la temporada fuerte de mudanzas, porque las familias esperan a que acabe el curso. La primavera va justo antes de esa ola. Las empresas de mudanzas tienen huecos en fin de semana, cobran tarifas normales y no te hacen elegir entre un martes a las siete de la mañana o nada.

El mercado también se mueve. Muchos vendedores sacan la casa en marzo o abril, cuando el jardín tiene buena pinta y entra luz por las ventanas en las fotos. Si estás buscando, en primavera hay más donde elegir que en noviembre.

El momento de deshacerte de la mitad de tus cosas

Empaquetar obliga a decidir. El abrigo que no te has puesto en dos inviernos, la raclette que usasteis una vez en 2021, los tres cargadores de móviles que ya no tienes. Todo eso puede ir a donación antes de pagar por transportarlo, y una mudanza de 30 cajas cuesta bastante menos que una de 50. Llegar a la casa nueva con menos cajas hace que se ordene en una semana en lugar de en dos meses, y deja hueco para lo que te van a regalar en la inauguración.

La fiesta de inauguración sale mejor en primavera

Una vez instalado, el mismo tiempo que te ayudó con la mudanza te ayuda con la fiesta. Puedes abrir ventanas, sacar sillas a la terraza o al patio si lo tienes, y nadie llega con el abrigo mojado ni pidiendo el aire acondicionado. La gente tiene ganas de salir después del invierno y las vacaciones aún no han empezado, así que de veinte invitados suelen venir dieciocho. En julio, con suerte, doce.

Regalos que usas esa misma semana

La estación cambia lo que te traen. En una inauguración de mayo llegan plantas, macetas, una manguera para el patio o una sombrilla, y todo eso se estrena el fin de semana siguiente. En una de diciembre te regalan mantas y velas que acaban en un armario hasta el año que viene.

Aun así, si dejas a la gente adivinar, alguien trae una tostadora y otro alguien trae otra. Lo más práctico es hacer una lista de deseos con lo que de verdad falta en la casa: la monstera para el salón, un juego de vasos de agua decente, la lámpara de pie que cuesta 90 euros y podéis pagar entre cuatro. Los invitados reservan lo que compran y nadie repite.

Un consejo: pon también cosas de menos de 20 euros. La compañera de trabajo que viene por cortesía quiere traer algo, pero no quiere gastarse 60 euros en tu batidora.

Mudarte en primavera te deja el verano para conocer el barrio, encontrar el bar donde acabarás desayunando cada sábado y colgar los cuadros con calma. Cuando tengas fecha para la fiesta, tarda cinco minutos crear la lista y mandarla junto con la invitación.

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