Amigo secreto en la oficina sin líos ni nombres repetidos

Amigo secreto en la oficina sin líos ni nombres repetidos

El amigo secreto de la oficina falla siempre igual: alguien se saca a sí mismo, un compañero se gasta 40 € cuando el tope era 15, y la mitad del equipo se olvida del día. Nada de eso es inevitable. Con dos decisiones tomadas a tiempo, el sorteo sale solo.

Fija las reglas antes de que nadie se inscriba

Pon un límite de gasto y no lo muevas. Entre 10 y 20 € funciona en casi cualquier oficina sin que a nadie le duela a final de mes; en equipos donde todos cobran bien, 25 € es el máximo razonable. Que participar sea voluntario, sin insistir: hay gente que no celebra la Navidad y gente que simplemente no tiene ganas, y las dos cosas están bien.

Avisa con al menos dos semanas para que haya tiempo de comprar. Decide desde el principio si se aceptan las tarjetas de regalo y los regalos hechos a mano. Las tarjetas de regalo, mejor no. Con 15 € una tarjeta de Amazon dice "no se me ocurrió nada", y un juego de cartas o una caja de bombones de la pastelería de al lado dice justo lo contrario.

El sombrero con papelitos da problemas

El método del sombrero se rompe de tres maneras conocidas: alguien saca su propio nombre y hay que repetir, dos personas que son pareja se tocan entre sí, o alguien mira el papel antes de tiempo y lo cambia. Son cosas pequeñas, pero se comentan en la máquina de café durante semanas.

Si sorteas los nombres por internet, cada participante recibe por correo a quién le toca, puedes excluir emparejamientos (las parejas, el jefe con su asistente) y fijar el presupuesto en el propio sorteo. Además cada uno puede adjuntar su lista de deseos, y quien le regala sabe qué querría de verdad. Ningún participante ve a quién les ha tocado a los demás.

Ayuda a regalar a quien apenas se conoce

Lo más difícil del amigo secreto en el trabajo es que te toque el del departamento de al lado, con quien has cruzado cuatro frases en el ascensor. Pide a cada participante tres pistas al inscribirse: qué come a media mañana, qué hace los fines de semana, cómo toma el café. No arruina la sorpresa; da a quien regala algo con lo que trabajar. Incluso una indicación vaga, "algo para el escritorio" o "algo para el sofá", sale mejor que adivinar a ciegas.

Organiza el momento del intercambio

Elige un momento en el que la gente ya esté relajada: la hora de comer, o el último viernes antes de las vacaciones a media tarde. Hace falta un sitio donde todos quepan sentados, aunque sea la sala de reuniones grande.

Decide si se revela quién regaló qué o si se mantiene el secreto hasta el final. Con revelación hay más conversación y más risas; sin ella, los tímidos lo pasan mejor. En equipos de menos de diez personas, mejor revelarlo, porque el secreto dura poco de todas formas. Unos polvorones, algo de beber y música de fondo hacen el resto.

Prepárate para lo que va a salir mal

Alguien se dejará el regalo en casa. Alguien llamará diciendo que está enfermo. Un regalo se pasará del presupuesto a la vista de todos. Ten un par de regalos de repuesto en un cajón (una libreta buena, una caja de tés, una tableta de chocolate de 10 €) que sirvan para cualquiera. Si alguien se pasa del límite o su regalo resulta incómodo, coméntalo después, en privado, y no delante del grupo.

Con equipos en remoto o híbridos, que cada uno envíe el regalo a la casa del otro y los abran en una videollamada de media hora. Funciona mejor de lo que suena.

Cuando haya pasado

Pregunta de manera informal qué funcionó y qué no: el límite, la fecha, el tipo de regalos. Con eso el del año que viene sale mejor. Cuando llegue el momento de repetir, puedes organizar un amigo secreto que haga el sorteo por ti, y así lo único que queda por acertar es el regalo.