Regalos de cumpleaños para quien siempre está de viaje

Comprar un regalo de cumpleaños a alguien que pisa el aeropuerto cada mes tiene sus propias reglas. A esa persona le importan los 10 kilos de la maleta de cabina, la batería del celular y el espacio que ocupa cada cosa, y los mejores regalos son los que resuelven un problema que ya ha sufrido en algún viaje.
Equipaje que aguanta otro paso por el aeropuerto
Una maleta de cabina ligera, rígida y con cuatro ruedas cambia la vida en una terminal llena; una Samsonite o una Delsey de las que caben en el medidor de Ryanair ronda los 150 euros. Para quien no factura nunca, una mochila de viaje de 40 litros con varios compartimentos mantiene el orden y ahorra la espera en la cinta de equipajes.
Los cubos de embalaje son de esos regalos que nadie pide y que se usan en cada viaje en cuanto se tienen: convierten una maleta revuelta en un sitio donde se encuentra una camisa a la primera. El complemento natural es un adaptador universal, porque resuelve el clásico momento de llegar al hotel y descubrir que ningún enchufe de la habitación acepta el suyo.
Que los trayectos largos se aguanten
Una almohada de viaje de espuma viscoelástica que sujete el cuello de verdad convierte un vuelo nocturno en algo parecido a dormir. Unos auriculares con cancelación de ruido, unos Sony o unos Bose de gama media, hacen más que poner música: apagan el murmullo de la sala de embarque, la habitación compartida del hostal o la calle bajo la ventana, que es lo que un viajero cansado más agradece.
Una batería externa con varios puertos también merece un sitio en la lista. Es un detalle pequeño, pero un celular apagado justo cuando hay que mostrar la tarjeta de embarque es un problema que vale la pena evitar.
Tecnología que se gana su hueco en la maleta
Una cámara compacta permite documentar el viaje sin cargar con equipo de fotógrafo, y un modelo sumergible es la mejor opción para quien va a la costa o a la montaña. Un router WiFi portátil resuelve otro problema: internet fiable en varios países sin buscar una SIM local ni fiarse de la conexión del hotel.
Una báscula digital de equipaje pasa desapercibida y se usa en cada viaje. Cuesta menos de 15 euros y evita descubrir en el mostrador que la maleta pesa tres kilos de más.
Regalos que no vienen en caja
Un abono de acceso a salas VIP, tipo Priority Pass, se amortiza durante todo el año para quien vuela a menudo: cambia una puerta de embarque abarrotada por un sitio tranquilo con comida decente y WiFi. El seguro de viaje anual es menos emocionante de desenvolver, pero una cobertura completa protege frente a una factura médica en Estados Unidos o un viaje cancelado. Combínalo con algo físico y explica bien qué cubre.
Una suscripción a una app de idiomas también funciona. Si el destino es Japón o solo quiere entenderse mejor en Portugal el mes que viene, le saca más partido a los sitios que visita.
Lo que agradece el cuerpo en un vuelo largo
Un juego de botes de viaje antifugas para las cremas evita renunciar a la rutina de siempre o limpiar un derrame a mitad de vuelo. Los calcetines de compresión no tienen ningún glamur, pero importan en un vuelo de diez horas, y un par con un estampado decente los hace parecer menos de hospital.
Una botella con filtro incorporado, como las de Grayl o LifeStraw, también vale la pena: mantiene la hidratación aterrice donde aterrice, reduce el plástico y quita la duda sobre el agua del grifo en un país desconocido.
Con varias de estas ideas anotadas, ayuda tenerlas juntas y con el precio delante, sin ir saltando entre mensajes y pestañas del navegador. Si el viajero eres tú, puedes crear una lista de deseos de cumpleaños con los enlaces y compartirla; y si el viajero es otra persona, pásale este artículo y que la haga ella. Así el regalo acaba en la maleta del siguiente viaje.





